RECUPERACIÓN DEL SABER: El Lenguaje y el Pensamiento.
RECUPERACION DEL SABER
EL Lenguaje y el Pensamiento

El lenguaje mantiene estrechas relaciones con diversos procesos psicológicos, como la atención, la memoria o el razonamiento. En concreto, la relación entre lenguaje y pensamiento plantea cuestiones fundamentales: ¿representan las distintas lenguas la misma realidad social?; ¿hasta qué punto el lenguaje determina el modo en que pensamos? En este artículo, revisamos diversos estudios interculturales que han analizado la interrelación entre lenguaje y pensamiento. Discutimos hallazgos que demuestran que el género gramatical de las palabras afecta a las representaciones semánticas de los objetos que nos rodean. Asimismo, resaltamos cómo la medida en que se da este tipo de influencia está determinada por la complejidad gramatical de cada lengua. Por ejemplo, en lenguas latinas como el español, frecuentemente existe una correspondencia entre el género natural y el gramatical, y, por lo tanto, se establecen asociaciones fuertes entre ambos. En cambio, en lenguas con mayor complejidad gramatical, como el alemán, existen más de dos géneros no sólo para la categorización de objetos, sino también de personas. Por lo tanto, en este tipo de lenguas el género gramatical afectaría a las representaciones semánticas en menor medida. Concluimos que términos con distinto género gramatical conllevan distintas connotaciones sobre el género natural, y resaltamos las implicaciones prácticas que ello conlleva en el uso diario del lenguaje.
Relación entre pensamiento y lenguaje: cómo el género gramatical afecta a las representaciones semánticas de los objetos
La
adquisición y el uso del lenguaje mantienen una fuerte relación con diversos
procesos psicológicos básicos, como la memoria o la atención. Por ejemplo, se
ha observado que las alteraciones en la memoria de trabajo se relacionan con
trastornos específicos del lenguaje (Martínez et al., 2002; Montgomery, 2003).
Asimismo, el lenguaje desempeña un papel crítico en el desarrollo de las
memorias autobiográficas, ya que supone un medio instrumental que permite
organizar la experiencia personal. El lenguaje también nos permite dialogar
sobre nuestras experiencias con los demás, ayudándonos a consolidar y organizar
nuestras representaciones sobre ellas (Fivush & Nelson, 2004).
El
desarrollo y el uso del lenguaje están también íntimamente relacionados con
otros procesos psicológicos superiores, como el pensamiento y el razonamiento.
Una cuestión que ha suscitado un amplio interés en este contexto es hasta qué
punto el lenguaje determina el modo en que pensamos. En el presente artículo,
nos centramos en esta cuestión, analizando la influencia que el género gramatical puede tener en el modo en
que conceptualizamos distintos objetos. La existencia de este tipo de
influencia puede tener importantes consecuencias prácticas, puesto que
implicaría que el modo en que procesamos categorías lingüísticas de género
establecidas arbitrariamente podría afectar al modo en que recordamos o
evaluamos los distintos objetos o personas que nos rodean. En este artículo
revisamos los hallazgos de diversos estudios llevados a cabo para estudiar esta
cuestión, y discutimos las implicaciones teóricas y prácticas que se derivan de
estos hallazgos.
La
relación entre lenguaje y pensamiento
Resulta
difícil cuestionar que los procesos cognitivos relacionados con el acceso y la
selección de palabras o la planificación del habla varían de una lengua a otra.
Esta variación se manifiesta, por ejemplo, en las dificultades que experimentan
los estudiantes de una segunda lengua a la hora de adquirir aspectos
gramaticales de ella que no están presentes en su lengua materna (Slobin,
1996). Una cuestión más controvertida —abordada desde numerosas disciplinas,
como la filosofía, la antropología o la psicología— es la naturaleza de las
relaciones existentes entre pensamiento y lenguaje. La cuestión fundamental que
se plantea es hasta qué punto el lenguaje en que nos comunicamos puede
determinar nuestro modo de procesar la realidad. La conocida hipótesis del determinismo lingüístico de Sapir-Whorf
(Sapir, 1921; Whorf, 1956) defiende un papel determinante de los patrones
concretos de nuestra lengua sobre nuestra forma de conceptualizar y organizar
el mundo. Esta hipótesis destaca el papel del lenguaje en la representación de
la realidad, más allá de su función como sistema de uso convencional al servicio
de la comunicación. En su versión más radical, esta hipótesis postula que el
pensamiento y la acción están totalmente determinados por el lenguaje. Por lo
tanto, los hablantes de diferentes lenguas tendrían distintas percepciones de
situaciones objetivamente idénticas (Whorf, 1956).
La
hipótesis de Sapir-Whorf ha sido cuestionada a partir de estudios que han
demostrado que los miembros de tribus en las que solamente existen dos palabras
para nombrar colores, no muestran problemas para aprender las categorías de
color de la lengua inglesa (Heider, 1972). Sin embargo, otros autores han
planteado que la influencia del lenguaje en el pensamiento puede ser más
determinante en aspectos más abstractos, no directamente relacionados con las
experiencias puramente sensoriales (Boroditsky, 2001; Boroditsky & Schmidt,
2000). Así, se ha observado que el lenguaje puede afectar al modo en que
representamos conceptos abstractos, como el tiempo, y que nuestras
representaciones de este concepto varían en función de las distintas metáforas
espaciales que existen en nuestra lengua para referirnos a él (Boroditsky,
2001).
Las
implicaciones semánticas del género gramatical
Otro
aspecto crucial del lenguaje que puede afectar a la representación semántica de
los objetos es su género gramatical. Los objetos inanimados no tienen género
biológico, y por tanto su género viene determinado por el género gramatical.
Varios autores sostienen que la asignación del género gramatical es fortuita
(Bowers, Vigliocco, Stadthagen-Gonzalez & Vinson, 1999), puesto que varía
en las distintas lenguas. Por ejemplo, la palabra "sol" es femenina
en alemán, masculina en español y neutra en ruso. Esta asignación arbitraria
podría afectar al modo en que percibimos los objetos, de modo que el sol se
percibiría como fuerte, poderoso y amenazante en español (al tener género
gramatical masculino), mientras que el significado alemán de la misma palabra
tendría connotaciones más cálidas y reconfortantes (al tener género gramatical
femenino; Boroditsky, Schmidt, & Phillips, 2003).
En
esta línea, la hipótesis del sexo y el género (sex-and-gender) de
Vigliocco, Vinson, Paganelli y Dworzynski (2005) sostiene que aprendemos a
asociar relaciones específicas entre el género gramatical y el género natural
de las palabras. De este modo, el género gramatical afectaría al modo en que
categorizamos nuestro ambiente. Los resultados de diversas investigaciones
apoyan la existencia de esta relación entre el uso lingüístico de los objetos y
el modo en que razonamos sobre ellos (es decir, en términos masculinos o
femeninos). Por ejemplo, se ha observado que, al evaluar distintos objetos en
la dimensión de fuerza, tanto hablantes españoles como alemanes tienden a
evaluar como más fuertes o potentes los términos que en su propia lengua son
gramaticalmente masculinos, que aquellos que son femeninos (Konishi, 1993). En
otra serie de estudios llevados a cabo por Sera, Berge, y del Castillo (1994),
la tarea de los participantes consistía en clasificar una serie de dibujos de
objetos como masculinos o femeninos. Los resultados mostraron que los hablantes
de español clasificaban los objetos en función del género gramatical de la
lengua española con mayor frecuencia que los hablantes de lengua inglesa.
Finalmente, se ha observado que el género gramatical también afecta a la tarea
de asignación de voces masculinas y femeninas a objetos inanimados (Sera,
Berge, & del Castillo, 1994; Sera et al., 2002).
La
influencia del género gramatical en las representaciones mentales de los
objetos se ha estudiado también mediante el análisis del recuerdo de dichos
objetos. En un estudio llevado a cabo por Boroditsky y Schmidt (2000), se
presentaron una serie de pares de palabras en lengua inglesa a participantes
cuya lengua materna era o bien el español, o bien el alemán. Los pares de
palabras estaban compuestos por un objeto y un nombre propio. En la mitad de
los casos, el género del nombre propio era congruente con el género gramatical
del objeto (en español o en alemán, respectivamente), y en la otra mitad era
incongruente. Los resultados mostraron que, al presentar el objeto, el recuerdo
del nombre propio asociado en cada caso era superior para los pares congruentes
que para los incongruentes. Estos resultados apoyan la idea de que las
representaciones semánticas de los objetos incorporan un género conceptual, y
que éste es consistente con el género gramatical impuesto por el lenguaje.
Más
recientemente, Koch, Zimmermann y Garcia-Retamero (2007) han llevado a cabo un
estudio en la misma línea que el de Boroditsky y Schmidt (2000), ampliándolo en
tres aspectos. En primer lugar, se incluyeron nuevos ítems de control, que
tenían el mismo género gramatical en español y en alemán (por ejemplo, el
pájaro-der Vogel, o la vaca-die Kuh). En segundo lugar, se incluyeron también
una versión de los ítems en estas dos lenguas, en lugar de presentar únicamente
ítems en inglés. Por último, se solicitó a los participantes que también
evaluasen los objetos en la dimensión de fuerza o potencia. En este estudio se
pusieron a prueba cuatro hipótesis: 1) el
recuerdo de pares de palabras de género congruente sería superior al recuerdo
de pares incongruentes; 2) esta diferencia en
recuerdo sería superior en la lengua nativa de los participantes, puesto que el
inglés tiene un sistema de género gramatical menos complejo; 3) en aquellos casos en que el género
gramatical de una palabra difiere en español y alemán, ello se vería reflejado
en las evaluaciones en la dimensión de potencia de ella, y 4) en aquellos casos en que el género
gramatical no difiere en español y en alemán, las palabras masculinas se
evaluarían más alto en la dimensión de potencia que las femeninas. El
experimento se llevó a cabo online, y participaron 43 hablantes de español y 50
hablantes de alemán. Tras la fase inicial de aprendizaje en la que se
presentaron 36 pares de objeto-nombre propio, los participantes llevaron a cabo
una tarea distractora, y posteriormente realizaron la prueba de recuerdo del
género del nombre propio que se asociaba con cada objeto presentado durante la
fase de aprendizaje. Por último, los participantes evaluaron los objetos en la
dimensión de fuerza o potencia mediante una tarea de diferencial semántico
(Osgood, Suci, & Tannenbaum, 1975). En esta tarea hay que completar una
serie de escalas dimensionales que contienen adjetivos opuestos en cada extremo
(p. ej., 1 se refiere a "débil" y 7 a "fuerte"), utilizadas
para medir la reacción de los participantes ante cada palabra.
Los
resultados obtenidos mostraron diferencias entre la muestra española y la
alemana. Únicamente los participantes españoles mostraron un recuerdo superior
de los pares congruentes, y no se observaron diferencias entre la versión de
los ítems en la lengua nativa de los participantes y la versión inglesa. Tanto
los hablantes españoles como los alemanes evaluaron los objetos gramaticalmente
masculinos como más altos en la dimensión de fuerza o potencia en los pares
congruentes. Sin embargo, en los pares incongruentes, esta tendencia se observó
únicamente en la muestra española. Estos resultados se explicaron a partir de
la mayor complejidad de la gramática alemana frente a la española, en la que la
mayoría de los sustantivos y los nombres propios masculinos acaban en
"o" o en "e", y los femeninos en "a". Por lo
tanto, la correspondencia entre el género gramatical y el género natural sería
mayor en lenguas latinas como el español. La existencia de diferencias
similares observadas en estudios realizados con hablantes italianos y alemanes
(Vigliocco et al., 2005) apoya esta idea. Las diferencias observadas entre la
muestra alemana y la española se explicaron también a partir de las diferencias
culturales existentes entre ambos países, ya que la presencia de estereotipos
de género y roles de género tradicionales es mucho más acusada en España que en
Alemania (Garcia-Retamero & Lopez-Zafra, 2006, 2009).
Conclusiones
e implicaciones prácticas y teóricas
En
el presente artículo hemos analizado las relaciones entre el lenguaje y los
diferentes procesos psicológicos, centrándonos en el efecto que las categorías
de género del lenguaje pueden tener en el modo en el que conceptualizamos la
realidad. Hemos revisado una serie de estudios experimentales en los que se
demuestra la existencia de una fuerte influencia del género gramatical en la
comprensión semántica de los conceptos. Estos resultados tienen importantes
implicaciones teóricas, puesto que subrayan la importancia del estudio de la
interrelación entre lenguaje y pensamiento, apoyando la idea de que las
categorías lingüísticas de los objetos pueden afectar al modo en que éstos se
representan (Sapir, 1921; Vigliocco et al., 2005; Whorf, 1956).
Las
implicaciones prácticas de estos resultados son relevantes. En primer lugar, el
género gramatical de los términos genéricos que usamos para hacer referencia a
las personas (p. ej., "médico", para referirnos tanto a hombres como
a mujeres) puede determinar las representaciones mentales que activamos. Por
ejemplo, se ha observado que el uso de términos genéricos masculinos reduce el
número de mujeres que recordamos (Stahlberg, Sczesny, & Braun, 2001) o que
la proporción de hombres y mujeres que creemos que forma parte de un grupo
varía según el término genérico que usemos para referirnos a ese grupo (Braun,
Gottburgsen, Sczesny, & Stahlberg, 1998). Por lo tanto, el uso de esta
clase de términos en nuestro lenguaje podría incluso afectar a la nominación de
mujeres y hombres para diferentes puestos laborales, como por ejemplo cargos
políticos (Braun, Sczesny, & Stahlberg, 2005). Asimismo, los publicistas
podrían utilizar distintos géneros gramaticales para activar diferentes
representaciones mentales de los productos (p. ej., la asociación del género
femenino con productos del hogar, y el género masculino con productos
tecnológicos), potenciando así los estereotipos de género.
En
segundo lugar, existen también amplias diferencias gramaticales entre las
distintas lenguas. Estas diferencias pueden ayudarnos a entender las
dificultades que experimentamos al adquirir ciertos aspectos de una segunda
lengua que no están presentes en nuestra lengua materna (p. ej., los distintos
géneros de los objetos inanimados o determinados tiempos verbales). Asimismo,
la investigación del modo en que el uso de distintas lenguas activa distintas
representaciones mentales nos pueden ayudar a comprender bajo qué
circunstancias los hablantes de esas lenguas otorgan significados distintos a
los mismos objetos.
En conclusión, la investigación experimental de los
procesos psicológicos asociados con el lenguaje ha derivado en hallazgos con
importantes implicaciones tanto teóricas como prácticas. Consideramos que ello
pone de manifiesto la necesidad de continuar investigando la naturaleza de este
tipo de relaciones, así como los factores que pueden afectar a éstas.
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